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A
mediados de siglo varios pintores hacen de esta relación
algo sistemático, como por ejemplo hiciera Henri Micheaux
con sus dibujos y escritos inspirados en el peyote y el LSD.
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Sin
embargo, será un artista austríaco, Ernst Fush, el
que verdaderamente abriera el camino de lo que con el tiempo se
definió como arte psicodélico. Fush pintó
sus visiones inducidas por el peyote con un detallismo y
colorido inéditos hasta el momento, como si de
transcripciónes fotográficas se tratara. En un
principio éstas serían como visiones de luz pura
semejantes a formaciones cristalinas, obras que el pintor llegó
a identificar con manifestaciones angélicas.
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Estas
visiones se fueron vertiendo extensamente mediante un manierismo
alucinado propio del Bosco, en pinturas, grabados y dibujos de
una finura extraordinaria. Posteriormente, ya en decadencia,
aunque sin dejar de juguetear con el misticismo, su obra fué
adquiriendo un tono kitch muy cercano al del último Dalí
-del que era amigo-.
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Su
poderosa obra, sobretodo de su primera etapa, caló hondo
y muchos artistas siguieron la estela marcada por éste
definiendo, desde finales de los 60, el psicodelismo en el arte
a veces con mayor y otras con menor acierto: Mati klarwein,
Michael Bowen, Bill Martin, Susan Seddon Boulet, Joseph Parker,
Robert Venosa, H.R.Giger, Alex Grey, etc.
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Como
en la pintura, la influencia de las drogas psicotrópica
fué filtrándose -sobretodo a medida que éstas
iban sintentizándose en los laboratorios- en el resto de
la cultura. Como ya sabemos a mediados de los 60 le llegó
el turno a la música. La experimentación con
marihuana y posteriormente con LSD de gente tan influyente como
Dylan o los Beatles solo fué un componente más
–aunque crucial- en un movimiento amplio que cubrió
todo occidente. De una u otra forma mucha gente ya experimentaba
en muchos sitios diferentes. Mientras los Beatles tramaban un
disco tan innovador como “Rubber soul”, al otro lado
del atlántico Jerry Garcia y sus nacientes Grateful Dead
ya eran unos veteranos trippers que empezaban a incorporar sus
experiencias en sus conciertos.
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La
música que surgió alrededor de la experimentación
con drogas intentaba expresar mediante sonidos -cada vez más
electrificados- el estado de ánimo producido por éstas.
Así, sea como fuere, entre 1964 y 1966 prendió
rapidamente la mecha de lo que se vino a llamar el rock
psicodélico, principalmente en grupos folks, garageros o
beats que cambiaron drasticamente su estilo hacia derroteros
nunca explorados. La música se fué volviendo así
más agresiva y sofisticada, la temática de sus
letras más libres y personales, se comenzó a
experimentar en la producción -aunque con trucos que
ahora pueden considerarse ingénuos-, se asumieron nuevas
influencias -música oriental, jazz, etc.
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Toda
esta época se ve ahora como una verdadera explosión
de creatividad que duró hasta mediados de los 70, una
creatividad en su mayor parte alentada por el consumo de drogas.
De la noche a la mañana, como una rempentina mutación
dentro de la cultura establecida, había nacido una nueva
forma de concebir la música, de hacerla y de escucharla,
pues el cambio en los músicos era paralelo al de su
público.
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Toda
esta gran transformación, que se produjo en elcontexto de
la gran búsqueda de una nueva forma de vida, hizo que
confluyeran la música y el arte de inspiración
psicodélica. En retrospectiva es difícil saber que
pesaba más, si el despertar de los movimientos
culturales, sociales y políticos, la liberación
moral generalizada, la fuerte incidencia de las drogas o un auge
de la economía que permitio durante una temporada que
miles de jóvenes se desentendieran “impunemente”
del trabajo y las obligaciones propias de la sociedad de su
momento. Seguramente todo a la vez e indivisiblemente.
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Pero
si hay que hacer honor a la verdad, al menos en el caso que nos
ocupa de la relación de rock y arte psicodélico,
hay que decir que la imagen se puso claramente al servicio de la
música. Si bien la música podía pretender
transmitir algo de los efectos de la droga -cosa complicada- las
imágenes usadas -portadas de discos, logotipos,
promoción, etc- intentaban transmitir más bien la
propia cualidad eléctrica y ácida de esta nueva
música. Ya de por si, el rock y todos los estilos que
promovió: la psidodelia en todas sus formas, el
progresivo, el hard y blues rock, etc., se caracterizó
desde un principio por la suma importancia del color. Tal y como
si se pretendiera romper de golpe con un pasado gris, numeros
grupos tenían el color como referencia para sus nombres:
Deep purple, King Crimson, Pink Fairies, Pink floyd, Purple
image, Golden Dawn, Red Crayola, etc. Así pues, podemos
decir que de alguna manera, el rock de los 60 y primeros 70, era
una música predispuesta a ser visualizada, óptima
para ser vertida y simbolizada en imágenes de fuerte
colorido.
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Aunque,
como ya hemos visto, durante los 60 había surgido un arte
ya concebido como psicodélico, esta alianza entre la
nueva música y la imagen se dió sobretodo a través
de la amplia subcultura que rodeaba el comic undeground y que, a
la par, también había hecho su aparición
desde mediados de los 60. Era un tipo de comic igualmente tocado
por lo lisérgico y radicalmente irreverente con los
tópicos al uso de un medio que por esa época ya
era tradicional. El comix -tal y como se empezó llamar-,
fué, de por si, un importante medio de expresión y
difusión de los cambios culturales y sociales que se
pretendía impulsar desde los movimientos alternativos. La
desvergonzada “perversión” de las estructuras
convencionales de los comic books -considerados como lectura
para niños- y su instauración como importante
icono cultural, demostraba el talante de esta nueva cultura:
desenfadada, provocadora e irreverente.
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Los
artistas que se encargaron de crearlos cobraron repentina
notoriedad y fueron una referencia imprescindible para todo el
movimiento: Robert Crumb, Gilbert Sheldon, Spain, Robert
Willians, etc. Así pues, con alguna excepción -la
famosa portada de Mati Klerwein para “Abraxas” de
Santana, por ejemplo- las imagénes más
relacionadas con el rock psicodélico fué obra de
dibujantes e ilustradores fuertemente influidos por la estética
de los comix –o que de hecho eran autores de comix, como
ocurrió con Crumb o Sheldon-. Es el caso de Roger Dean,
que adquiriera fama en el Reino Unido ilustrando las portadas de
muchos grupos de hard rock y progresivo - Uriah Heep, Budgie,
Yes, Magna Carta, etc-, Su estética, tan propia de la
ciencia-ficción o el género fantástico,
parecía sacada de un tebeo. Todos estos artistas
aplicaron esta estética en muchísimas portadas de
discos y, sobretodo, en la cartelería de locales para
conciertos, especialmente los californianos, lo que que terminó
por imponerse al resto del movimiento, ya sea al uno como al
otro lado del Atlántico.
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Así,
la cartelería musical también vivió así
su pequeña revolución. A diferencia de la
publicidad propia de los 50 y principios de los 60 -una
fotografía del protagonista y una leyenda con una
correcta tipografía a modo informativo- los carteles
anunciantes de locales como el Matrix o el Fillmore Auditorum
mostraban en 1966 un aspecto lleno de sofistificación. En
cierta medida la estética fué tomada, además
de los comix, de la cartelería modernista del siglo XX
-ver imagen a la derecha-, aunque llevada a sus extremos, del
surrealismo, así como de la obra gráfica de
Escher.
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Lo
estético se anteponía a la información y en
algunas ocasiones lo que se anunciaba era indescifrable. Primaba
la intención de deslumbrar la mirada con formas que se
identificaran con la cultura psicodélica: collages con
fotografías antiguas y coloreadas, diseños
complicados en diferentes planos, dibujos simétricos,
absurdos o sacados de los comix, que la mayoría de las
veces poco tenían que ver con los grupos anunciados. La
tipografía, sinuosa y fantástica, jugaba con el
diseño de la imagen en el cartel, fundiéndose en
muchos casos y siendo ella misma lo más psicodélico
del conjunto o incluso siendo la verdadera protagonista. Pero en
general, los carteles servían para transmitir, más
que nada, la cualidad enérgica de la eléctricidad
que salía por los altavoces, éstos eran
psicodélicos al mismo nivel que lo era la propia música
que anunciaban, que a la vez era casi tan alteradora de la mente
como las mismas drogas que la habían inspirado. Los
carteles, en su efervescencia y colorido, serían por un
tiempo inseparables de la ropa chillona de los músicos o
el publico y los light shows en los conciertos.
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Con
el paso del tiempo, de forma paralela que en la música,
esta estética entró en el mero cliché. Una
vez apaciguada la primera ola de cratividad la “imagen
psicodélica” había caido en la más
burda comercialidad y era aplicada en todo lo imaginable: moda,
publicidad, televisión, etc. Aunque quedó latente
su supervivencia en los ámbitos underground -con cierto
resurgir a finales de los 80 con el revival del garage y el rock
psicodélico- es evidente que se perdió esa primera
frescura tan difícil de emular.
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Algunos
cartelistas importantes
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Michael
Ferguson. Miembro en los seminales Charlatans, uno de los
primeros grupos en ir definiendo, ya a mediados de los 60, el
rock ácido, y en el caso de Ferguson también en
crear la éstetica que posteriormente rodeó a toda
esta nueva música. Autor de varios carteles dibujados a
mano, con un estilo abiertamente inspirado en los comix.
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Lee
Conklin. Autor también de la portada del primer
disco de Santana. Muy influido por Ronad Topor destaca por el
uso del absurdo y el humor negro en sus dibujos. Muy reconocible
por sus diseños simétricos y muy detallados de
caras, figuras humanas y animales que vistos de lejos forman
otras figuras.
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Martin
Sharp. Ilustrador australiano que se hiciera famoso,
sobretodo, por sus portadas de “Wheels of fire” y
“Disraeli Gears” de Cream, y que también
ilustrara el magazine underground OZ. Con collages de
fotografías mezclaba dibujos realizados a mano de
extrañas formas orgánicas y que ahora podríamos
considerar como tipicamente psicodélicas. El resultado es
un maremagnum que atacan agresivamente a la vista.
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Rick
Griffin. Seguramente el más famoso entre los
cartelistas del rock de los 60, despues imitado hasta la
saciedad en todos los ámbitos, como por ejemplo en el
tatuaje. También autor de comic, en un principio
consiguió la fama entre los surfistas con su personaje
Murphy, para despues aplicar su inspiración en carteles
de eventos tan significativos como el “Human be-in”
-también llamado la “Reunión de las tribus”-
celebrado en 1967, e infinidad de conciertos del Fillmore o el
Avalon. También realizó la portada del “Aoxomoxoa”
de los Dead. Autor de un impactante dibujo, pero sobretodo
especialmente dotado para un grafismo entrevesado e hipnótico
que hace de sus carteles una verdadera experiencia visual.
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Hapshash
and the Coloured Coat. Equipo creativo inglés que
se encargara de hacer muchos de los carteles del local
londinense underground UFO. También célebre por
los carteles promocionales de grupos como Soft machine o
Tomorrow. Su estética influyó mucho en el Reino
Unido, quizás por ser más acequible e incluso
llegando a ser bastante cursi, puede considerarse como prototipo
de una estética magicista y de cuentos de hadas
relacionada al pop de Donovan o grupos de psicodelia folk del
tipo de la “Incredible string band”.
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Victor
Moscoso. Artista especializado en el uso de colores muy
vivos y de difícil combinación. A la vista sus
obras resultan de una fosforescencia que se identifica
rapidamente con lo lisérgico. De entre todos los carteles
del momento, quizás los suyos sean los más
difíciles de descifrar. Tendente a la abstracción,
puede ser considerado el más pictórico de todos,
con claros homenajes a pintores como Max Ernst o Van Gogh.
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Gunther
Kieser. Extraordinario artista alemán que se
encargó realizar lo carteles de muchos grupos americanos
o ingleses que giraban por Europa. Muy dotado para el
fotomontaje o su combinación con imágenes pintadas
a mano.
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Bibliografía
útil:
“The
art of rock” - Grushkin 1987.
“High
art” - Sanctuary 1999.
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